Es la segunda vez que leo un libro de esta autora - leí el anterior "La historiadora" - y me ha vuelto a pasar lo mismo: me atrae mucho la historia que quiere contar, pero cuando termino de leer el libro me queda una sensación de decepción.
La historia de "El rapto del cisne" es la siguiente: Robert Oliver es un pintor valorado que un día va a la National Gallery de Washington con la intención de mutilar un cuadro que se expone allí, "Leda" (representación del mito griego). Su agresión se queda en un intento pues le detienen antes. Ante el estado mental en que se encuentra, es internado en un centro psiquiátrico. El psiquiatra que lo atiende, Andrew Marlow - que también pinta - intenta esclarecer los motivos que han llevado a Robert Oliver a cometer ese acto. Cuando le pregunta que por qué quería atacar ese cuadro, Robert solo dice:"Lo hice por ella" "Puede usted hablar con quien le de la gana". Como Robert Oliver se niega a decir más, a Marlow solo le queda indagar en su vida. Así, conoce a Kate, su ex mujer y a Mary, su ex amante que le van narrando cómo era la vida con Robert y cómo va obsesionándose con una mujer que pinta constantemente.
La autora cuenta cuatro historias que se van intercalando a lo largo de toda la novela: una, la de Robert Oliver y su vida con su mujer, otra, la de Robert Oliver y su vida con su amante, otra, la del propio psiquiatra, y por último, da un salto en el tiempo, concretamente a Francia, a finales del siglo XIX, donde nos cuenta la relación entre Beatrice de Clerval y Olivier Vignot - ambos pintores impresionistas.
Los capítulos, bastante cortos, están encabezados con el nombre de quien va narrando los hechos o por las fechas en que transcurren.
El primer capítulo del libro comienza con una descripción digna de un cuadro impresionista, en 1895, y ya intuyes que es una información clave para esclarecer el enigma que gravita por todo el libro y que no se resolverá hasta casi el final de éste.
Aprecio una buena descripción de ambientes, lugares, personas... pero la autora despliega tal profusión y minuciosidad de detalles que, en este caso, aturden.
A veces se confunde profundidad con verborrea. Se echa de menos cierta concisión.
El estilo de todo el libro es monótono, sin variedad de registros. Ritmo irregular, demasiado lento. Resulta un tanto pesado en conjunto. A mi modo de ver, solo se salva la historia de Beatrice de Clerval. Libro al que le sobran bastante páginas. Se habla mucho de pintura y pintores pero no termina de enganchar.
Novela intimista, de sentimientos. Un drama romántico.

Por cierto, el cuadro que figura en la portada del libro se titula "Leda" (incluyo la fotografía) y lo pintó François-Edouard Picot en 1832, pero no es el mismo que se describe en la novela.





